Hoy leí (en su mano) la historia de un domingo en el cual todo y poco sucedía.
Cuenta de una mujer que despertó a mediodía, abrió los ojos y miró más allá del techo por dos segundos o menos. Luego volteó la cabeza a su derecha y, de entre los libros que había en el suelo al lado de la cama, recogió uno. Sacó tres hojas de papel que habían dentro, las leyó, escogió una y la puso al lado.
Se levantó, se vistió con lo último que se sacó anoche, y fue a buscar ese olor que transportaba las sensaciones de algunas personas. Tomó un cojín, azul, lo roció delicadamente, puso sobre éste la hoja de papel que llevaba un mensaje, más arriba el libro y lo envolvió todo con papel mantequilla e hilo brillante color cobre.
Lo dejó en el suelo, a la entrada del edificio. Tocó el timbre y dijo, seca, tratando de sonar indiferente, "soy yo, baja". Se va. Se queda. Se esconde tras un pilar y alcanzó a ver un mechón de pelo del color de la miel agacharse para ver el extraño paquete. Ella dio vuelta rápidamente la esquina, desapareció.
La nota. La nota decía sobre un huracán en cuyo centro, el ardor, hecho carne. Ese fue el final de una historia larga que ya no vale la pena siquiera contar.


Galit
"La nota decía sobre un huracán en cuyo centro, el ardor, hecho carne."
me gusta tu escritura hipersentida.... hay ferocidad, verdad y un lanzarse entera, como quien ya no teme nada..... hay libertad..... y ardor sin duda.....
ando queda de palabras estos días.... por lo mismo ando sintiendo como nunca, y aquí llegué hoy, la andariega.... y quedaste revoloteando....
y eso.....
y gracias
y luz para ti
C
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ce del ande cl